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Seguramente no hayas oído hablar demasiado de la atmósfera controlada, pero se trata de una técnica muy útil e importante para el transporte y la conservación de mercancías, principalmente alimentos.

Básicamente podría definirse como una tecnología que permite reducir los niveles de oxígeno y aumentar los de CO2 de manera que se consiga mantener la calidad y la frescura de productos. Esta alternativa está altamente recomendada para el transporte de frutas y verduras, ya que posibilita la no utilización de productos químicos.

La atmósfera controlada es, lógicamente, un método asociado al frío y que permite acentuar la refrigeración, retrasar la maduración y evitar problemas y pérdidas por podredumbres en alimentos frescos, minimizando el moho y la descomposición. Por todo ello, se ha convertido en una alternativa realmente valorada y utilizada en el transporte y conservación.

Algunos de los beneficios claves de apostar por esta técnica tienen que ver con la posibilidad de realizar transportes de larga distancia bajo unas condiciones seguras y saludables para la carga perecedera. Además, la atmósfera controlada permite mantener la calidad de todos los productos. Aspectos tan importantes como pueden ser la frescura, el color y la condición de toda clase de verduras y frutas.

En este sentido, son muchos los profesionales que se valen de esta técnica para hacer llegar al punto de destino la carga en las mejores condiciones, retrasando la maduración y la producción de etileno.

Qué es la atmósfera controlada

¿Qué mercancías se pueden transportar bajo atmósfera controlada?

Para que nos hagamos una idea de las ventajas de apostar por esta tecnología para el transporte de verduras y frutas, hay que destacar que la atmósfera controlada permitirá, por ejemplo, hasta 45 días de tránsito para un cargamento de plátanos, 35 días para los aguacates o 28 para arándanos o mangos.

Se trata de un plazo amplísimo para poder llevar a cabo el tránsito de toda clase de cargas, ya que, como se ha comentado anteriormente, se lleva a cabo una desaceleración del proceso de maduración. Este hecho implica necesariamente una drástica bajada del riesgo de descomposición.

Además, no hay que olvidar que tampoco existirán inconvenientes relacionados con la pérdida de peso y deshidratación de las frutas y verduras, prolongando el rango de mercado desde la cosecha hasta el consumo.

En último lugar, no hay que olvidar que la atmósfera controlada posibilitará que los riesgos y pérdidas financieras se minimicen, consiguiendo que el transporte marítimo aparezca como una alternativa viable al aéreo.

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